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domingo, 19 de julio de 2020

Puericultura avanzada: cómo no jugar al fútbol

¡Muy buenas! Hacía ya unos días que no me dejaba caer por aquí y me he dicho: "¡eh! ¿Por qué no aprovechas que a nadie le interesa lo que hagas y pierdes unos cuantos minutos de tu vida en escribir gilipolleces?". Y me he contestado: "venga, vale, buena idea, amos allá".
Hoy recupero una de mis secciones favoritas. Es cierto que cualquiera de las secciones que pongo por aquí es una de mis favoritas, pero ésta entraría en el Top 5 de las favoritas-favoritas. Supongo que es una de las que más me gustan porque la uso para contar alguna anécdota curiosa de mi niñez (o no curiosa, porque tampoco es que yo haya vivido miles de aventuras, he sido un chico muy casero).
La historieta de hoy también sirve de homenaje a mi tío Juanda, firme seguidor de mi carrera artística. Solo espero que le haga ilusión ser coprotagonista de esta enternecedora historia de superación que emocionó a Spielberg.


El deporte y yo no nos hemos llevado especialmente bien, más por pereza y falta de interés que por atributos físicos (que tampoco es que tenga yo muchos), pero mi tío Juanda no perdió la esperanza, al menos no inmediatamente. Recuerdo que iba a recogerme a casa, todo ilusionado él, con el propósito de convertirme en el futuro referente del fútbol nacional. O a lo mejor no. A lo mejor solo quería sacar de casa al tío pálido de las gafas, para que no se le anquilosaran las articulaciones y que no tuviera déficit de vitamina D.
Años después, no sigo a ningún equipo de fútbol ni tengo idea de cómo van las ligas o las copas o los nosequé. Cierto es que antes era del Madrid, supongo que por influencia familiar, aunque Juanda es del Barça. Ni siquiera eso conseguiste, tío.
Pero lo pasábamos bien :D

lunes, 5 de febrero de 2018

Puericultura avanzada: cereales estridentes

¿Qué tal va la cosa? Aquí está el Chache de nuevo. Hoy recupero esta sección sobre mis aventuras y desventuras infantiles, que hacía tiempo que no salían en el Blog. La verdad es que no he vivido muchas historias locas y llenas de emociones fuertes porque siempre he sido un chico de interior y, a priori, no suelen ocurrir sucesos dignos de mención en la casa de uno, pero bueno, a mí me pasaban cosas curiosas cuanto menos. Por cierto, al ser un chico de interior, mi palidez congénita se ha ido viendo reforzada con el paso de los años, dejándome un color grisáceo en la piel. Sexy.
Pues en la historia de hoy hace acto de aparición mi padre, junto con uno de sus superpoderes: sentido del oído sobrehumano. Además, yo ayudaba a mi padre a sobrellevar esta cualidad aumentada suya con ruiditos incesantes mientras  jugaba con mis Playmobil y una extraña habilidad en mi cavidad oral que hacía que todos los alimentos crujientes que eran triturados se oyesen con una intensidad desmesurada. Allá que va ilustración.


Hace tiempo que no como Choco Krispies. Qué nostalgia. El caso es que mi padre estaba en el salón mientras yo merendaba en la cocina, de ahí la sorpresa. No ha sido la única situación en la que mi padre ha hecho este tipo de advertencias, la mayoría como ésta, a distancia. Espero ir sacando más de estos superpoderes de mi papa poco a poco, que tienen miga.
Hala, a seguir bien.

miércoles, 6 de diciembre de 2017

Puericultura avanzada: la palmada más grande del mundo

Efectivamente, casi un año de extrema irresponsabilidad y abandono de quehaceres. Podría empezar enumerando multitud de lamentables y poco sinceras excusas, pero no lo voy a hacer. Lo importante es que he fallado a mis miles (o millones) de fans y he rebajado mi título de blogger (autoconcedido) hasta el mismísimo subsuelo.
No obstante, espero que mi vuelta sea motivo de júbilo around the world. ¿Y por qué quiero retomar (creo que por tercera o cuarta vez) esta parcelita virtual? Es curioso que responda a esta pregunta, puesto que nadie la ha formulado, salvo yo. La verdad es que estaba fregando los platos y me he dicho: "¡eh, tenías un Blog que estaba súper chulo! ¿Por qué no empiezas a escribir gilipolleces otra vez?". Pues vale.
Retomo de nuevo estos malos hábitos y traigo otra de mis divertidas anécdotas infantiles. Se la dedico a mi hermana, ya que es la coprotagonista de esta maravillosa historia de sufrimiento y superación (no necesariamente en ese orden).
Un día, sin especial importancia en el calendario, completamente anodino, mi hermana y yo ideamos un plan. Un plan sin fisuras, sólido como una roca. Pero no nos asustaba. Teníamos la clara convicción de conseguir ¡LA PALMADA MÁS GRANDE DEL MUNDO! Y sin más dilación, la prueba gráfica de nuestra hazaña.



A pesar de que la idea era buena, el dolor no lo era tanto. No sé si conseguimos dar la palmada más grande del mundo, ya que no había testigos ni jueces y tampoco filmamos la performance. Muestra evidente de inteligencia superior. Se nos hincharon las manos y estuvieron colorás durante bastante rato, aunque no había datos sugerentes de fracturas múltiples de falanges y metacarpianos. Seguro que si lo hubiéramos hecho en esta época ya seríamos virales.
Bueno, pues eso es todo de momento. Espero que sigáis disfrutando del puente o paséis tiempo con la familia, lo que más os apetezca. Y saludos a mi tío Juanda, que sé que lo estaba deseando. Hasta la próxima entrada, un besito.

lunes, 19 de diciembre de 2016

Puericultura avanzada: el Eucalipto del Tétanos

¡Buenaaas! ¿Cómo va la vida? Ayer tuve una guardia buenecita, así que esta mañana me he cargado de espíritu navideño y he salido a hacer gastos mil para que mis seres queridos disfruten de sus merecidos regalos por aguantar mi existencia. Además, mi padre me ha invitado a comer churros. Por cierto, los de Badajoz son los mejores del mundo y no hay ningún tipo de discusión que valga, lo siento.
Pues después de contaros mi apasionante vida, hoy traigo una cosita de la que guardo muy buenos recuerdos. El Eucalipto del Tétanos. No parece que el título de la entrada premonice una fantástica e higiénica aventura, pero se trata de una historia llena de bellos momentos y lecciones de vida que te hacen ver lo bonita que es la amistad y la futilidad de la infancia. Postdata: NO.
También va a servir esta entrada como elegía al mejor árbol que ha existido, puesto que mi querido eucalipto del tétanos fue asesinado. Pero bueno, antes de contaros su breve historia, un fidedigno retrato del vegetal.


Yo soy el del palo. Teníamos que tener palos por si otras bandas rivales querían quitarnos el sitio. Es mentira.
Antiguamente, al lado de mi casa había un descampado. Pero no un descampado normalito, no. Un descampado de varias hectáreas abarrotado de maleza (en su mayoría, cardos borriqueros), entre la cual podían encontrarse diversos tesoros: latas, cristales, escombros, basuras de todos los colores, ladrillos y, por supuesto, tablas de madera con multitud  de clavos oxidados que invitaban a ser pisados por niños inocentes. Y de ahí el bautizar al único árbol que había en el descampado como el Eucalipto del Tétanos, por la horrible infección que guardaba a sus pies.
Los niños del barrio pasábamos horas entre esos peligros cortantes e infectantes para acompañar a nuestro querido árbol. Le hacíamos compañía mientras él nos proporcionaba sombra, asiento (gracias al tocón que dejó su hermano gemelo decapitado) y cosquillas, por los insectos que en él habitaban.
Eran buenos tiempos. Pero, un día, se decidió construir un parque, y no había lugar para el Eucalipto en él. Fue talado y, donde él vivió, ahora reposan unos columpios atestados de niños que no sabrán nunca lo que es jugar con un verdadero árbol. Es verdad que el parque es bonito y da muchísima mejor imagen que un solar lleno de enfermedades, pero el Eucalipto era más que un árbol. Era un amigo.
Vale, y después de llorar, a seguir pensando en las cosas de la vida. Sobrevivid a vuestras familias estos días. ¡Muaks!

miércoles, 7 de diciembre de 2016

Puericultura avanzada: material escolar

Una de las cosas que un niño puede odiar más a lo largo de su infancia es la puta vuelta al puto cole. Estabas tan tranquilo, a 40 grados a la sombra a finales de agosto y, de repente, un anuncio. EL ANUNCIO. El peor anuncio con diferencia que puedes haber visto en tu vida (y eso que el listón cada vez está más alto). Sí, el maldito anuncio era el de la vuelta al cole. No voy a decir que era el anuncio de El Corte Inglés porque no deben decirse marcas comerciales.
Veías esos otros niños en la tele, mentirosos y zafios, haciéndonos creer que volvías al maravilloso sitio del que habías logrado escapar meses atrás. Y te venía la ansiedad: otra vez ir a ver las listas de los nuevos libros (que tendrías que devolver por cambios de edición o que no ibas a usar porque al profesor no le gustaban), otra vez ir con tus padres a comprar de nuevo todo el material escolar porque eras un burro y estaba todo lo del año pasado roído o perdido, otra vez ir a comprar chambergos y chándales de colores yonkis horribles porque habías crecido. Y después de la ansiedad, tristeza, llanto y silencio.
En realidad no era para tanto y, al cabo de unos días, estabas tan pizpireto como siempre, en compañía de tus amigos que eran tan tontos como tú.
Sin embargo, lo de ir a comprar el material sí que era una mierda. Cada asignatura requería su propia libreta, los lápices tenían que ser 2HB o morías, el lápiz bicolor (porque no era suficiente tener un lápiz rojo y otro azul, tenían que estar los dos juntos), afilalápices que no afilaban, gomas que eran cruelmente ensartadas por el compás, estuches a los que se les rompía la cremallera (con fatales consecuencias: http://sanmartindebromista.blogspot.com.es/2016/09/puericultura-avanzada-imaginacion-al.html) y multitud de otras cosas que al final no usabas, al menos como tenían que ser usados.
Y ahí entra la imaginación. Robots hechos con lápices y gomas elásticas, reglas-espada, catapultas, canutos, tirachinas, ballestas y todo tipo de armas (¿para qué hacer algo constructivo?). Pero de todas mis creaciones, a las que tengo más aprecio son las siguientes.




Sep. Afeitarse con un cartabón y usar el transportador de ángulos como un puño americano. Buenos momentos, sí señor, indicadores de inteligencia superior. Al menos les di uso.
Bueno, con esto y  un bizcocho, no sé cuando volveré por aquí. Espero que no tarde mucho, que algunas de las cosas que tengo pendientes tienen mucha miga. ¡Hasta la vista!

sábado, 3 de septiembre de 2016

Puericultura avanzada: ¡imaginación al poder!

En la entrada de antes no lo he dicho, probablemente porque carece de interés, pero estoy de vacaciones reales: me acuesto a las tantas sin motivo que lo justifique, me levanto a las tantas porque me he acostado tarde la noche anterior, y me acuesto a las tantas porque no tengo sueño, entrando en un horrible bucle del sueño. Al menos la primera semana está siendo así.
Bueno, la segunda gilipollez del día es la continuación de la genial sección "Puericultura avanzada", con divertidísimas anécdotas de mi época de colegial. La historia de hoy también es una a la que guardo cariño, por las lesiones producidas a otros semejantes y la cobardía mostrada por mi persona. Era la época de Star Wars, cuando iban a estrenar la primera película de la segunda trilogía (que para mí no existe), así que todos los niños manifestaban claros síntomas de obsesión con ser jedis y su puta madre. Y yo no iba a ser menos, así que, armado con mi estuche-lápiz gigante del Real Madrid, me dispuse a enzarzarme en una batalla épica con mi amigo Ernesto (no es su nombre real, por los derechos de autor que ya expliqué).


Pues sí. El estuche reventó brutalmente, con la consecuente ráfaga de proyectiles que produjo algún que otro daño (reversible, gracias al Señor). Lo de la cobardía viene porque nunca jamás dije lo que había pasado, a pesar de las insistentes preguntas y el reguero de lápices que había por el suelo y que podía incriminarme. Simplemente me senté y esperé. Fui recogiendo los lápices que seguían en buen estado a lo largo de la semana, pero otros fueron abandonados a su suerte, para no levantar sospechas. Cosas de niños.
Pido perdón a los héroes caídos: el lápiz de cera lila partido en miles de astillas y al sacapuntas amarillo que reventó contra la pizarra

miércoles, 20 de julio de 2016

Puericultura avanzada: ¡Caaaaalvooooo!

Otra de las secciones que tengo la intención de explotar por este rinconcito va a ser ésta, "Puericultura avanzada". Como alguno supondrá, la sección va a consistir en diversos consejos que iré dando periódicamente para educar a vuestros hijos de forma correcta para que sean adultos provechosos en un futuro no muy lejano. Es mentira.
Como éste es un blog de humor, intento traer cosas de risa, y esta nueva sección no va a ir sobre aburridas gilipolleces que no interesan a nadie. Aquí irán apareciendo anécdotas, protagonizadas por mí en la mayoría de los casos (por el narcisismo), que contienen gran cantidad de material hilarante. En ocasiones aparecerán otras personas de mis alrededores, cuyos nombres van a ser modificados por motivos de derechos de autor.
Y sin más dilación, os traigo una historia a la que guardo mucho cariño. Tendría yo unos 11 años aproximadamente. Por aquel entonces, estábamos en el patio mis amigos Ezequiel y Frutos (hay otro amigo más que no estuvo presente en esta anécdota; juntos éramos "Los Cuatro Autistas"). El caso es, que, sin motivo aparente, comenzamos a atosigar a un hombre alopécico del colegio que estaba frente al nuestro. No sé si era profesor o conserje o cualquier otra cosa, pero empezamos a gritarle "¡Caaalvooo!" todos los puñeteros días. Al principio nos ignoraba, así que los gritos fueron cada vez más altos y continuos. Hasta que un día, la paciencia del calvo llegó a su límite.


Buenos recuerdos. Poca gente me ha mirado con esa cara de odio. Me imagino al pobre hombre llegando a casa y contándole a su mujer que tres hijos de puta granujillas le tocaban las narices durante todo el recreo y que tenía deseos de asesinarlos brutalmente. Fueron dos buenas semanas, pero la historia con el calvo no quedó ahí, pues poco después volvimos a vernos las caras.
Espero que no nos consideréis malas personas. Eran cosas de niños y lo hacíamos sin maldad. Además, él se lo buscó.
Haré memoria e iré trayendo más historias a tope de risas. Hasta más ver.