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domingo, 19 de julio de 2020

Puericultura avanzada: cómo no jugar al fútbol

¡Muy buenas! Hacía ya unos días que no me dejaba caer por aquí y me he dicho: "¡eh! ¿Por qué no aprovechas que a nadie le interesa lo que hagas y pierdes unos cuantos minutos de tu vida en escribir gilipolleces?". Y me he contestado: "venga, vale, buena idea, amos allá".
Hoy recupero una de mis secciones favoritas. Es cierto que cualquiera de las secciones que pongo por aquí es una de mis favoritas, pero ésta entraría en el Top 5 de las favoritas-favoritas. Supongo que es una de las que más me gustan porque la uso para contar alguna anécdota curiosa de mi niñez (o no curiosa, porque tampoco es que yo haya vivido miles de aventuras, he sido un chico muy casero).
La historieta de hoy también sirve de homenaje a mi tío Juanda, firme seguidor de mi carrera artística. Solo espero que le haga ilusión ser coprotagonista de esta enternecedora historia de superación que emocionó a Spielberg.


El deporte y yo no nos hemos llevado especialmente bien, más por pereza y falta de interés que por atributos físicos (que tampoco es que tenga yo muchos), pero mi tío Juanda no perdió la esperanza, al menos no inmediatamente. Recuerdo que iba a recogerme a casa, todo ilusionado él, con el propósito de convertirme en el futuro referente del fútbol nacional. O a lo mejor no. A lo mejor solo quería sacar de casa al tío pálido de las gafas, para que no se le anquilosaran las articulaciones y que no tuviera déficit de vitamina D.
Años después, no sigo a ningún equipo de fútbol ni tengo idea de cómo van las ligas o las copas o los nosequé. Cierto es que antes era del Madrid, supongo que por influencia familiar, aunque Juanda es del Barça. Ni siquiera eso conseguiste, tío.
Pero lo pasábamos bien :D

miércoles, 6 de diciembre de 2017

Puericultura avanzada: la palmada más grande del mundo

Efectivamente, casi un año de extrema irresponsabilidad y abandono de quehaceres. Podría empezar enumerando multitud de lamentables y poco sinceras excusas, pero no lo voy a hacer. Lo importante es que he fallado a mis miles (o millones) de fans y he rebajado mi título de blogger (autoconcedido) hasta el mismísimo subsuelo.
No obstante, espero que mi vuelta sea motivo de júbilo around the world. ¿Y por qué quiero retomar (creo que por tercera o cuarta vez) esta parcelita virtual? Es curioso que responda a esta pregunta, puesto que nadie la ha formulado, salvo yo. La verdad es que estaba fregando los platos y me he dicho: "¡eh, tenías un Blog que estaba súper chulo! ¿Por qué no empiezas a escribir gilipolleces otra vez?". Pues vale.
Retomo de nuevo estos malos hábitos y traigo otra de mis divertidas anécdotas infantiles. Se la dedico a mi hermana, ya que es la coprotagonista de esta maravillosa historia de sufrimiento y superación (no necesariamente en ese orden).
Un día, sin especial importancia en el calendario, completamente anodino, mi hermana y yo ideamos un plan. Un plan sin fisuras, sólido como una roca. Pero no nos asustaba. Teníamos la clara convicción de conseguir ¡LA PALMADA MÁS GRANDE DEL MUNDO! Y sin más dilación, la prueba gráfica de nuestra hazaña.



A pesar de que la idea era buena, el dolor no lo era tanto. No sé si conseguimos dar la palmada más grande del mundo, ya que no había testigos ni jueces y tampoco filmamos la performance. Muestra evidente de inteligencia superior. Se nos hincharon las manos y estuvieron colorás durante bastante rato, aunque no había datos sugerentes de fracturas múltiples de falanges y metacarpianos. Seguro que si lo hubiéramos hecho en esta época ya seríamos virales.
Bueno, pues eso es todo de momento. Espero que sigáis disfrutando del puente o paséis tiempo con la familia, lo que más os apetezca. Y saludos a mi tío Juanda, que sé que lo estaba deseando. Hasta la próxima entrada, un besito.

lunes, 19 de diciembre de 2016

Puericultura avanzada: el Eucalipto del Tétanos

¡Buenaaas! ¿Cómo va la vida? Ayer tuve una guardia buenecita, así que esta mañana me he cargado de espíritu navideño y he salido a hacer gastos mil para que mis seres queridos disfruten de sus merecidos regalos por aguantar mi existencia. Además, mi padre me ha invitado a comer churros. Por cierto, los de Badajoz son los mejores del mundo y no hay ningún tipo de discusión que valga, lo siento.
Pues después de contaros mi apasionante vida, hoy traigo una cosita de la que guardo muy buenos recuerdos. El Eucalipto del Tétanos. No parece que el título de la entrada premonice una fantástica e higiénica aventura, pero se trata de una historia llena de bellos momentos y lecciones de vida que te hacen ver lo bonita que es la amistad y la futilidad de la infancia. Postdata: NO.
También va a servir esta entrada como elegía al mejor árbol que ha existido, puesto que mi querido eucalipto del tétanos fue asesinado. Pero bueno, antes de contaros su breve historia, un fidedigno retrato del vegetal.


Yo soy el del palo. Teníamos que tener palos por si otras bandas rivales querían quitarnos el sitio. Es mentira.
Antiguamente, al lado de mi casa había un descampado. Pero no un descampado normalito, no. Un descampado de varias hectáreas abarrotado de maleza (en su mayoría, cardos borriqueros), entre la cual podían encontrarse diversos tesoros: latas, cristales, escombros, basuras de todos los colores, ladrillos y, por supuesto, tablas de madera con multitud  de clavos oxidados que invitaban a ser pisados por niños inocentes. Y de ahí el bautizar al único árbol que había en el descampado como el Eucalipto del Tétanos, por la horrible infección que guardaba a sus pies.
Los niños del barrio pasábamos horas entre esos peligros cortantes e infectantes para acompañar a nuestro querido árbol. Le hacíamos compañía mientras él nos proporcionaba sombra, asiento (gracias al tocón que dejó su hermano gemelo decapitado) y cosquillas, por los insectos que en él habitaban.
Eran buenos tiempos. Pero, un día, se decidió construir un parque, y no había lugar para el Eucalipto en él. Fue talado y, donde él vivió, ahora reposan unos columpios atestados de niños que no sabrán nunca lo que es jugar con un verdadero árbol. Es verdad que el parque es bonito y da muchísima mejor imagen que un solar lleno de enfermedades, pero el Eucalipto era más que un árbol. Era un amigo.
Vale, y después de llorar, a seguir pensando en las cosas de la vida. Sobrevivid a vuestras familias estos días. ¡Muaks!

miércoles, 7 de diciembre de 2016

Puericultura avanzada: material escolar

Una de las cosas que un niño puede odiar más a lo largo de su infancia es la puta vuelta al puto cole. Estabas tan tranquilo, a 40 grados a la sombra a finales de agosto y, de repente, un anuncio. EL ANUNCIO. El peor anuncio con diferencia que puedes haber visto en tu vida (y eso que el listón cada vez está más alto). Sí, el maldito anuncio era el de la vuelta al cole. No voy a decir que era el anuncio de El Corte Inglés porque no deben decirse marcas comerciales.
Veías esos otros niños en la tele, mentirosos y zafios, haciéndonos creer que volvías al maravilloso sitio del que habías logrado escapar meses atrás. Y te venía la ansiedad: otra vez ir a ver las listas de los nuevos libros (que tendrías que devolver por cambios de edición o que no ibas a usar porque al profesor no le gustaban), otra vez ir con tus padres a comprar de nuevo todo el material escolar porque eras un burro y estaba todo lo del año pasado roído o perdido, otra vez ir a comprar chambergos y chándales de colores yonkis horribles porque habías crecido. Y después de la ansiedad, tristeza, llanto y silencio.
En realidad no era para tanto y, al cabo de unos días, estabas tan pizpireto como siempre, en compañía de tus amigos que eran tan tontos como tú.
Sin embargo, lo de ir a comprar el material sí que era una mierda. Cada asignatura requería su propia libreta, los lápices tenían que ser 2HB o morías, el lápiz bicolor (porque no era suficiente tener un lápiz rojo y otro azul, tenían que estar los dos juntos), afilalápices que no afilaban, gomas que eran cruelmente ensartadas por el compás, estuches a los que se les rompía la cremallera (con fatales consecuencias: http://sanmartindebromista.blogspot.com.es/2016/09/puericultura-avanzada-imaginacion-al.html) y multitud de otras cosas que al final no usabas, al menos como tenían que ser usados.
Y ahí entra la imaginación. Robots hechos con lápices y gomas elásticas, reglas-espada, catapultas, canutos, tirachinas, ballestas y todo tipo de armas (¿para qué hacer algo constructivo?). Pero de todas mis creaciones, a las que tengo más aprecio son las siguientes.




Sep. Afeitarse con un cartabón y usar el transportador de ángulos como un puño americano. Buenos momentos, sí señor, indicadores de inteligencia superior. Al menos les di uso.
Bueno, con esto y  un bizcocho, no sé cuando volveré por aquí. Espero que no tarde mucho, que algunas de las cosas que tengo pendientes tienen mucha miga. ¡Hasta la vista!

viernes, 12 de octubre de 2012

Niños de hoy en día

Ay, estos niños actuales, menudo petardeo. Supongo que es porque me estoy haciendo viejo ya a mis 22 años, aunque yo empecé a ser viejo a partir de los 14 años. Yo a la edad de estos niños tenía respeto por mis mayores, no estos idiotas que bordean a profesores, padres, abuelos, tíos, policías, presidentes de diputaciones provinciales... Encima, por si acaso, colmémoslos de premios y regalos, claro que sí, que se lo merecen. A sus 3 años han realizado innumerables actos heroicos que hay que recompensar. Que sí, que vale, que a mí no me ha faltado nunca de nada (aunque no tuve el castillo de Playmobil), pero no sé, tenía límites ("cada vez que te llame la atención, una semana sin jugar a la Nintendo", palabras de mi madre; llegué a las cuatro semanas, pero sólo estuve tres porque me hice un esguince en el tobillo y daba mucha pena; pero vamos, que yo creo que ese día mi madre estaba de malas y la pagó conmigo, porque no me porté fatal, no bien, pero tampoco fatal; me porté normal). Luego llegué a una edad en la que a los límites les fueron dando progresivamente. Estos niños de ahora son enchufados directamente a la consola para que no incordien. Sí, es el camino fácil, pero se vuelven dependientes y no hacen otra cosa (ni comen siquiera), y luego, si están cinco minutos sin verla, les aparece un síndrome de abstinencia brutal, con sudores y aspavientos y episodios de agresividad y depresión. 
A continuación, dos de mis primos con sus problemas de adicción a las nintendrogas.



Son buenos chicos. Respetan a sus mayores (a veces) y no la montan (a veces), pero tienen una seria lesión cerebral, ocasionada por el continuo bombardeo de imágenes y pitiditos agudos. Claro, que de vez en cuando te gustaría meterles una buena guantá, pero te resistes. No creo que pegar a los niños sea una parte de una buena educación, pero una colleja a tiempo te ahorra disgustos y los deja avisados para la próxima. Mis padres no me pegaban en exceso (a lo mejor no me acuerdo porque me dejaban inconsciente después de las palizas) y no he salido tan mal, sólo algo tocado del ala.
Pues eso, como resumen, que los niños de ahora me caen casi todos fatal, que tienen de todo sin esforzarse ni una mierda, que están todos asalvajados y que no hay que pegarles, hay que usar el terror psicológico con ellos. Seré un buen padre. Adiosssss.