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martes, 1 de septiembre de 2020

Retahíla de chistes malos, tercera parte

No sé si será la última entrega de esta serie (espero que sí), aunque los chistes malos no van a dejar de aparecer por este vertedero virtual, eso desde luego.

No hay mucho que contar desde la última entrada, solo que me he reincorporado al trabajo después de unas merecidas vacaciones y me quiero morir he vuelto con las pilas más recargadas que nunca. Ya en serio, es buena cosa eso de tener el tiempo ocupado y tener que salir de casa para variar, que el sofá ya estaba empezando a vencerse. Eso sí, ya estoy vigilando en qué caen los próximos festivos.

Pues eso, vamos con la chorrada del día.



En esta ocasión, Fredesvindo tiene todo el derecho a poner su avinagrada cara de amargado. Palemón es un tío muy peculiar y siempre va pisando huevos, no sabemos si por extrema inatención o por una voluntaria ornitofobia. Por culpa de Palemón, Fredesvindo llegó tarde a una exposición de fotos de su tía abuela, aunque finalmente lo agradeció, puesto que eran autorretratos subidos de tono. Menos dinero para el Psicólogo.

Esta frase de "pisando huevos" también la he oído en muchas ocasiones. Suelo tardar bastante al vestirme porque quiero ir tó sexy y mi mujer me echa la bronca. Hay otras versiones, como "ir a paso huevo" o "¡parece que para andar le tiene que pedir permiso un huevo al otro!". La idea de ilustrar unos testículos parlantes me atraía, pero a lo mejor habría resultado algo grotesco.

Bueno, no vayáis pisando huevos que os pilla el coronavirus. Hasta lueguito.


viernes, 7 de agosto de 2020

Retahíla de chistes malos, segunda parte

Bueno, pues ya terminé la primera semana post-reincorporación y estoy en la mierda, así que me espera un fin de semana con altas dosis de horizontalidad. ¿Y qué mejor manera de empezar el fin de semana escribiendo tonterías pseudointeresantes? Pues seguro que hay mil millones de formas, pero ésta es la que se me ocurre a mí y se puede hacer perfectamente sentado y ligero de ropa.

Como lo de los chistes malos es una cosa que me sale sola, voy a seguir con la serie que empecé hace unas semanas. Y además de que me sale sola, hay un montón de gente que me anima a seguir con mis andaduras por el humor más básico y generador de vergüenza ajena (es cierto que una persona no conforma un montón de gente, pero uno se engaña a sí mismo para animarse). Hala, vamos con la gilipollez.



Fredesvindo es un hombre muy correcto. No le gusta juntarse con gente impetuosa o que no respete a los demás. Por eso, siempre está llamando la atención a sus coetáneos cuando hacen algún comentario fuera de lugar. Por supuesto, sus coetáneos piensan que Fredesvindo tiene un palo metido por el culo y que es un cortarrollos del copón. Cállate de vez en cuando, Fredesvindo de los cojones.

Supongo que mi enfermiza prudencia me evita meterme en berenjenales con asiduidad, pero de vez en cuando no puede uno resistirse y acaba metiendo la pata gravemente. Nada que unos cuantos sobornos no puedan solucionar.