lunes, 5 de noviembre de 2012

Crítica constructiva a anuncios

Si hay algo que consigue enervarme hasta tal punto que se me hincha la vena en forma de "Y" de mi frente por los improperios que me obliga a vociferar, esto es la publicidad. En serio, ¿tanto cuesta hacer anuncios que no atenten contra la moral o los sentimientos de las personas normales?¿De verdad creen que contratando a gente como Paquirrín o Belén Esteban hacen que se me cambien algunas conexiones neuronales para que vaya a comprar productos que no necesito? No me gusta la publicidad, aunque hay algo que sí me agrada de ella: poder criticarla. Odio en especial los anuncios protagonizados por niños que contestan a sus padres de la forma más espontánea y supergraciosa que a 20 guionistas se les ha podido ocurrir o por preadolescentes tós molones que comen cosas normales pero es guay porque las comen saliendo por la tele y llevando ropa de rapero toa molona. Y luego están los anuncios de índole sexual que no anuncian cosas de índole sexual, como cierto almacén de muebles (Ikea) o cierto quitagrasas para las cocinas (KH7). Yo me sorprendo cuando sale un anuncio de preservativos (llamados caramelos por mi abuela en su explicación a sus nietos más pequeños) en el que aparecen cosas sexuales. Si doy las marcas es para hacer un poquito de contrapublicidad, pero que no lo hago a mala leche, sino como crítica constructiva, que ya lo he puesto antes en el título, para que sepan que hay un sector de la población (compuesto por mí) al que no le gusta su publicidad.
Cuando veo algún anuncio que me descoloca por los argumentos anteriormente expuestos, no puedo evitar imaginarme cómo serían esas situaciones en la realidad o finales alternativos o secuelas, casi todas macabras, con tintes de pedofilia (como el oso polar raro de Seguros Santa Lucía) o relacionados con caca y cosas por el estilo.
Y para empezar esta serie de catastróficas críticas por parte de moi, un destrozo de un anuncio protagonizado por un niño que se cree muy listo y muy gracioso, pero que le sale el tiro por la culata:


Lo que le pasa al niño es que es muy tonto. Se merece eso y más. Yo no sé cómo a alguien se le puede ocurrir contestar a su madre con una bordería cuando te está echando una bronca. Yo alguna vez hice amago de bordear a mi madre y ella me respondió con una serie de cosas que no puedo citar porque le quitan mi custodia. No, en serio, no me acuerdo de que mi madre me hiciese cosas dañinas (tal vez porque me dejaba sin conocimiento).
Pues eso, que cuando veáis la tele despotricad cuanto podáis de los anuncios con los que bombardeen vuestras frágiles membranas cerebrales (si queréis ver muuuuuuuuuuuuuuuuuuchos anuncios, id directamente a Antena 3; qué cabronazos). Hasta prontillo.

Dos buenos consejos

Empiezo la semana con un toque optimista y feliz, con una sensación de que todo va a ir bien, porque no tengo malditas prácticas (ya lo estoy celebrando con mi característica euforia). Bien, como puede leerse en el título de la entrada, voy a obsequiar al mundo con dos excelentes consejos que irán bien a todo aquel que los acepte (no a rajatabla, que un poquito de riesgo o de bajona de vez en cuando no hace excesivo daño a nadie). Claro que, no os voy a poner los consejos con palabras, no. Yo no soy así. Yo soy más de hacer pensar con mis ilustradas ilustraciones. Ahí va el primer consejo:


Que no os dé pena el niño hoguera, que no existe en realidad. Y aquí el segundo consejillo:


Éste viene muy bien en esta época, porque, al menos en Badajoz, hay unos días grises últimamente que le quitan a uno las ganas de darse un voltio por ahí. Yo particularmente sigo mucho este consejo desde que salí de aquel alienante antro al que solía llamar instituto.
Bueno, que los dibujos no están muy enrevesados y se sacan muy fácilmente. Si no podéis resolver estos intrincados acertijos, visitad a vuestro neurólogo favorito. Hala, adiós.

viernes, 2 de noviembre de 2012

Historias de Arrancao: el champagne

Arrancao vuelve a hacer de las suyas. Es un maestro de la interpretación y del engaño, por lo que no le cuesta nada embaucar a su última víctima. Es una lástima que haya tanta gente que confíe en la bondad congénita del ser humano. Allá va:


Otra vez Arrancao vuelve a sus cabronadas. Espero que nunca cese su maldad, porque la verdad es que son un filón para el Blog. Que os vaya bien y nunca jamás arranquéis personas hechas con palitos del suelo, paredes, techos, etc. Hasta prontillo.

Síntomas acentuados

Apuesto a que también echabais de menos las paridas humorísticas sobre Medicina. ¿No? Pues me resbala vuestra opinión. Esta supermegaparida la dibujé (¿a que no adivináis dónde?) en una clase de Pediatría. El caso es que Pediatría me gusta, pero las clases eran alienantes y desesperantes. En esta ocasión viene de la mano (por supuesto) de mi clásico humor literal. Dad la bienvenida a la última tontería que he rescatado de lo más profundo de mi anárquico cerebro.


Ay, una buena carcajada lo deja a uno tan reconfortado como terminar de hacer caca pegar un buen trago de agua después de un intenso partido de tenis.

Otra entrega de refranes y dichos (lo estabais deseando)

Pues sí, hoy vienen dos nuevos miembros de mi familia refranera, dichera y frasera. Como de costumbre, son dos frases que me gustan mucho (no voy a meter cosas que no me gustan, a parte de cosas de canis). La primera es una que me solía decir mi madre, porque yo de pequeño me aburría mucho (PISTA), porque  yo era un niño muy necesitado de estímulos visuales y de desbordar su imaginación mediante gritos y golpes de muñecos entre sí (vamos, como con mi edad actual). Ahí va la ilustración. Espero que no esté muy difícil.


El tío parece buena gente. Y ahora la segunda. Es una frase que podría aplicarse a España, pero nuestro querido líder Rajoy está tan ciego como los demás españoles (o incluso más; esto ha sido una PISTA).


No, no es el saludo nazi. Además de que el saludo nazi es con la derecha, se ven líneas de movimiento alrededor de la mano del homólogo de nuestro Juan Carlos I "el paquidermófobo" (esto es de broma y el rey no se lo toma a mal, que me lo dijo el otro día). Bueno, que os vaya bien y votadme en las próximas elecciones.

Nueva muestra de humor literal

No hay muchas cosas que me hagan reír a carcajadas, puesto que soy un tío lo que se dice serio (próximamente dedicaré una entrada a esta cualidad mía tan preciada), pero el humor literal suele sacarme una sonrisilla de vez en cuando. Y ya que a mí se me ocurren mil situaciones humorísticas empleando el humor literal, pues me hago gracia a mí mismo. Por supuesto (como ha venido siendo costumbre), se me ocurrió en una de las didácticas clases de Pediatría, que, con sus divertidos datos, fomentó mi faceta artística. Espero que disfrutéis con mi estrafalaria visión del mundo. Hasta dentro de un rato.


En efecto, estoy bastante mal de la cabeza, pero lo reconozco y no me importa :).

jueves, 1 de noviembre de 2012

Top 5 de recetas más suculentas del comedor escolar

Una experiencia que contribuyó al desarrollo de mi personalidad algo alocada y antisocial fue mi paso por el comedor de mi colegio, un lugar donde los padres sin escrúpulos abandonaban a sus hijos a merced de unas cocineras sin piedad que preparaban las comidas más atroces y venenosas que ni el más malvado de los seres (Arrancao, por ejemplo) podría jamás imaginar. Por si acaso, yo era de los pocos de mi curso que se quedaban, por lo que me sentía aislado en un mundo comprendido casi exclusivamente por niños de otras edades y de otros gustos. Pero lo mejor de todo fue que pasé al instituto y seguía yendo al comedor de mi colegio, porque ya que estaban el uno pegado al otro pues me quedaba otra hora más esperando a que mi madre nos recogiese a mi hermana y a mí, mientras saboreaba aquellos manjares que no se parecían en nada a los que hacían en mi casa, a pesar de llevar los mismos nombres. Claro que, toda esta parrafada que estoy soltando es fruto de una exageración y un rencor hacia mis padres que sólo el tiempo podrá curar. Algunos días ponían comida que se podía comer y el día de las vacaciones de Navidad y de verano llamaban al Telepizza para sobornarnos y que volviéramos al curso siguiente.
Lo que hoy me ocupa es una lista de los cinco mejores días que pasé en el comedor de mi querido colegio, cinco días en los que pude vomitar, intoxicarme y sufrir un shock anafiláctico si no fuera porque todos los allí presentes estábamos igual y nos dábamos apoyo. Pues ea, ahí va el Top 5 (empezando por el 5º, así se crea más expectación):

-5. Ricos spaghetti pegados de 10 en 10: pues sí, parece ser que ese día dejaron cociendo los spaghetti como unos 5 segundos, porque estaban duros y formando unos mega spaghetti del grosor de una vena del brazo de un culturista. Daban muy mal rollo, parecía que se estaban uniendo ellos solos en un intento de tomar el colegio, reptando hacia las salidas para bloquearlas. Y aquí mi cara de estupefacto al imaginarme cómo unos spaghetti gigantes llevarían el colegio (seguro que mejor que el director de por aquel entonces):


-4. "Ensaladilla rusa": mira que a mí la ensaladilla rusa me gusta, pero lo de aquel día fue criminal. No puede llamarse ensaladilla rusa a un montón de judías verdes y guisantes recién sacados de un cubo de la fregona con un poco de mayonesa por encima. Recuerdo perfectamente los gritos agónicos de los niños que morían poco a poco del asco.


-3. Menestra de tabaco: sólo por el nombre ya te imaginas cómo va a saber, pero claro, en el menú ponía que había menestra de verduras. Vale, la menestra no era la comida más popular, pero ese día lo petaron con un nuevo ingrediente: rico y saludable tabaco. Ya ibas de mala gana a comerte la maldita menestra, pero si encima sabía como si 100 banqueros hubieran echado el humo de sus puros sobre las patatas, pues peor me lo pones. Supongo que se les fue la mano con lo que ilustro a continuación (que a mi suponer, era una práctica habitual, pero de menor calibre):


-2. Pez espada a la gasolina: y diréis: "uy, pez espada, uy, tiraron la casa por la ventana con ese sabroso pescado". Sí, se gastaron las perras en el pez espada, no digo que no, pero ya que estaban, podrían haberlo hecho bien y haberlo cocinado con aceite y no con súper 95. Ese día también se oyeron muchos gritos de desesperación y quejidos por parte de los allí presentes. Yo creo que les gustaba vernos sufrir.


-1. "Sopa de marisco": sin duda, éste fue el plato que más triunfó y que, por supuesto, más llegó a nuestros corazones (por la corrosión de nuestros esófagos). Fue el día que más aullidos y graznidos fueron producidos por las cuerdas vocales de los niños prisioneros en el comedor. No sé quién fue el lúcido, pero sería un experto en torturas de la guerra de Corea como mínimo el que ideó aquella receta. Constaba aquella "sopa" de aguachirri mezclado con lo que sobró de la gran mariscada que se tomarían los profesores el día anterior, porque allí no había ni un mísero trocito de carne marina en buen estado. Sólo se veían rastros de lo que antaño fueron gambas, peces, almejas y diversos miembros comestibles de la fauna marina. Aquella horrible infusión de restos de marisco produjo graves secuelas a aquellos que fueron obligados a comérsela entera. Un minuto de silencio por ellos.


Espero que os hayáis divertido con mis traumas infantiles y que os hayáis partido el ano. Si sois padres, por favor, aseguraos de que el comedor donde dejáis a vuestros vástagos no esté regido por una serie de psicópatas que hagan experimentos que atenten sobremanera contra la moral y la ética. Que luego no digáis que no os avisaron. Atentamente, un superviviente del comedor escolar que aguantó durante 6 años sin sufrir vólvulos ni estallidos intestinales (no por falta de oportunidades).